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Amigos

Repaso mis amigos. Me entretengo buscando una sustancia común. Trato de identificar la calidad del material magnético que produjo aquella primera atracción que persiste muchos años después. ¡y es que muchos tenemos ya muchos años! Y encuentro algo que me gusta en todos ellos, su insobornable rebeldía. Una rebeldía sin gritos, sin aspavientos. Una rebeldía empapada en cada acto, en cada instante.

 Y encuentro también que ¡¡siempre salgo estupenda en las fotos que me sacan mis amigos ;-)!! y que, la mayoría de ellos, conocieron a mi hermano, a Batxi.

Además, todos me parecen guapísimos!

 También por esto, soy afortunada.

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Silencio

Puede que sea algún tipo de degeneración propio de la edad, pero recuerdo cuando me decía mi madre aquello de “hay! quita ese ruido” refiriéndose simplemente a la radio, no a un disco de heavy metal, ¡que va!

Hoy es el día en que el hecho de quitar la tele cuando empiezan los anuncios me proporciona un extraordinario placer y me hace sentir poderosa, el tener el mando en mi mano

Soledad

Me gusta. Me gusta la palabra, me gusta la sensación. Me gusta el nombre. Sin embargo, creo que me hubiera costado poner Soledad a mi hija (¡menos mal que tuve un hijo!). Supongo que los expertos en personalidad tendrán  mucho que decir sobre esto pero yo, en mi ignorancia, siempre he creído que el nombre imprime carácter, que no es una decisión trivial. Y el hecho de que nadie (por lo menos que yo conozca) se llame Caín, parece avalar mi idea. Pero me sigue gustando Soledad, no me hubiera importado llamarme así.